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No todos los días puede uno decir que se ha encontrado un dolmen del Eneolítico o Edad del Cobre, de entre los milenios III y II antes de Cristo. Más adelante, iremos profundizando en el momento al que pertenece y su tipología. En estas letras quiero hacer conocer el hallazgo, lo ilusionante del mismo y las circunstancias de su rescate. La existencia de esta tipología de enterramiento en nuestra zona era conocida. Se trata de una cámara sepulcral, formada en nuestro caso por pequeñas piedras verticales, y cerramiento superior con piedras horizontales, de unos 2 m por 1,5 m en su conjunto. Leyendo sobre Benamejí es fácil encontrar algún texto sobre el sepulcro dolménico del cortijo del Poyato y de cuanto contenía en su interior. Pero lo que sonaba casi a mítico ha resultado ser hoy una realidad. Porque existen el dolmen y las hachas, el ídolo de madera, las puntas de flecha y los cuchillos de sílex, todo hallado en su interior. Y muy posiblemente se mostraran en el Museo de Benamejí. El dolmen ya ha sido rescatado. Miembros de la Asociación de Patrimonio, fuimos al Poyato, y lo encontramos desmoronado sobre los restos del cortijo, parecía estar esperándonos. Medio siglo después de su descubrimiento nos dirigimos a Rosario Nieto del Pino, hoy una ancianita adorable, propietaria en su día del Poyato. Llevábamos un antiguo dibujo del dolmen, perteneciente a la colección del Museo de Benamejí -que reproducimos en las imágenes adjuntas-, y descubrimos que Rosario Nieto fue quien hizo ese dibujo, y que fue ella misma quien siendo joven puso el hallazgo en conocimiento de los responsables de arqueología de la provincia. Vinieron y la noticia salto a la prensa de entonces. Su sobrino, Francisco Nieto, nos ha facilitado ahora amablemente el recorte y una fotografía del descubrimiento. Es fascinante después de tantos casos de destrucción del patrimonio poder tocar aun algo con nuestras propias manos y poder recomponerlo. Confieso que fue emocionante ver elevarse las piedras que forman el dolmen, en el momento de su rescate y traslado. Agradezco a Inmaculada Villegas, actual propietaria del lugar, el permiso y su contribución en la puesta en valor del dolmen. Y agradezco enormemente a Francisco Hoyos, Rafael Salinas y a Juan Sánchez “El Papero” su trabajo y esfuerzo para el traslado. En esta tarea todos tenemos mucho que aportar. Y se está demostrando. Si bien es verdad, por fortuna, que se nos va quedando justito el edificio del Museo. Es por eso por lo que desde la Concejalía de Cultura se estudia su ampliación (recordemos también el reciente incremento de la colección de pinturas de José María Labrador con la donación desde Nerva).
A pesar de los lamentables casos de expolio arqueológico a los que Benamejí está sometido, en la mayoría de los casos por sus propios habitantes, es esperanzador no solo el caso que nos ocupa sino el hecho de que en los años 80, unos jóvenes entonces José Martin y Francisco Bueno mostraran su preocupación por la desaparición de piezas arqueológicas. Así lo demuestran en sus textos del año 1984 para la revista cultural Hisn Banir Basir en los que hablan de una cueva descubierta en el “Cerro del puente” tras unas voladuras y de cuanto se encontró en su interior. Curiosamente algo parecido ha sucedido ahora en una autovía de Cantabria. Todos los números de esa revista cultural han sido donados para el Museo recientemente, y ha sido motivador descubrir en sus páginas tanta sensibilidad y tanto compromiso. A pesar de lo que pudiera parecer, no falta de eso hoy, a juzgar por las donaciones arqueológicas de José Velasco, Rafael Morales, Juan Manuel Arjona, Salvador Ligero, José Bermúdez o José Antonio Mata, descubridor, entre otras cosas de el Dolium (tinaja romana) del Museo de Benamejí, cuya presentación pronto se llevara a cabo tras su completa y espectacular restauración. Lo interesante es que hemos hallado fragmentos de dolia similares en lugares cercanos. Puede que estemos hablando de una tipología característica de nuestra zona.
Nos falta mirar hacia el castillo. Según nos cuenta el arqueólogo provincial Alejandro Ibáñez, la intervención puede estar más cerca, tras comprobar que el acceso al castillo esta mas fácil de lo que parecía tras la modificación del lugar con la autovía. Además es posible que nuestro castillo se beneficie de la serie de intervenciones del proyecto “Puertas de la Subbética”. Por otro lado Carlos Gozalbes, investigador malagueño, nos está aportando mucha información al respecto del edificio original. Ya tenemos la recreación digital en tres dimensiones que se verá en el Museo. Y es muy probable que lo tengamos aquí para hablarnos de ello en el V Encuentro con Nuestro patrimonio, que anunciamos para diciembre. Y no olvidemos la necesidad de solucionar el impacto visual de la cantera sobre el castillo, y obviamente, el impacto ambiental sobre el rio y el sotobosque. La Silera espera impaciente el Campo de Trabajo para continuar con su puesta en valor. Y el fabuloso yacimiento de El Hacho, continúa dando sus características puntas de flecha “tipo Benamejí” y piezas árabes e iberas que se pueden sumar a las ya encontradas por otros, que, por favor, deben de estar en el museo, algo que sin duda va a hacer crecer la cultura, propiciar el desarrollo de Benamejí. Todo ello beneficioso, productivo y necesario.

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