JUAN MANUEL MORALES//

Siempre las besa, pero ahora de manera física, besaba Lorca las paredes de Benamejí estando dibujado en los carteles que han anunciado el III encuentro musical “Al Son de la Subbética”, creado y dirigido por Gabriel Marín. Un Lorca experimental, una relectura del poeta, al que se le daba la vuelta para defender al Lorca músico, casi por encima del Lorca escritor. En ese encuentro visitaba Lorca la plaza del Convento con la representación del espectáculo flamenco lorquiano “Romance de los Olvidados”, y habitaba Lorca el Museo de la Duquesa de Benamejí de los Machado con la presentación allí del libro “Ángel, musa y duende. Federico García Lorca y la música” de Marco Antonio de la Ossa.

Pero ¿visitó Lorca en vida Benamejí? Sabemos que conoció al benamejicense José Velasco Jiménez, y que ambos estudiaron juntos Filosofía y Letras y Derecho en Granada, entre los años 1914 y 1917; el mismo José Velasco lo contó a una nieta, que nos lo ha contado ahora a nosotros; nos traslada ella también que existe una foto en la que aparecen juntos. Y me confiesa además la adoración de su familia y de ella misma por Lorca. Hay incluso quien me habla de que José Velasco pudo traer a su compañero a Benamejí. No lo sabemos. Al menos no pudo estar en su preciosa casa historicista que se conserva en la calle Iglesia, porque es posterior a la muerte del poeta en 1936; la casa es ya de mediados del siglo XX, sobre 1948, pero curiosamente su regionalismo, su verde, su luz, su piano, pintan y suenan a Lorca… Lo que sí está claro es que por como y cuanto menciona a Benamejí en su obra, Lorca se sintió atraído por este lugar, y estuvo aquí con su prodigiosa imaginación, y si no estuvo en persona, deseó estar. Sí es seguro que pasó por La Venta, y al pasar vio la torre, claro, y se le quedó grabada; de ella hace sutil mención en sus textos. Y decimos que debió pasar porque viajó de Córdoba a Ronda. Hizo ese trayecto en uno de los viajes pedagógicos que organizó su profesor Domínguez Berrueta, de la Institución Libre de Enseñanza.

Precisamente en uno de esos viajes dio con alguien que nos toca sobremanera, Antonio Machado. La revista Andalucía en la Historia, en su reciente número 53 trata el encuentro de Lorca y Machado en Baeza en 1916. Precisamente se cumplen ahora 100 años de ese encuentro. Fueron a la casa de Machado, quien les leyó. Después Lorca volvería a encontrase con él en Baeza, donde tocó una sonata de Beethoven al piano mientras Machado recitaba. Qué momento…

Pero es que Machado también es Benamejí, con su obra de teatro “La Duquesa de Benamejí”, escrita junto a su hermano Manuel, y más aún ahora con el museo que lleva ese nombre y el nombre de Machado forjado a hierro en la fachada. En este sentido es destacable también la relación personal y teatral de Lorca con la importante actriz Margarita Xirgu, y de ésta con Machado, y de éste con Benamejí, ya que fue ella la primera intérprete protagonista de La Duquesa de Benamejí, estrenada en el Teatro Español, en Madrid en 1932. Ambos poetas se han encontrado varias veces ya en nuestro museo de La Duquesa de Benamejí, por los retratos de Lorca que se han expuesto y porque con el III encuentro musical Al Son de la Subbética, se ha presentado además en el museo una exposición sobre Lorca. Por otro lado el hispanista Ian Gibson, a quien nuestro museo hace referencia, también aúna en su obra a ambos escritores.

La actriz Nuria Espert, recitaba con toda el alma a Lorca al recibir este año el Premio Princesa de Asturias de la Artes, ante unos reyes Felipe y Letizia que la escuchaban emocionados, ante todo el mundo de la ciencia y de las humanidades, que ve en los reconocidos la esperanza de un mundo mejor. En Madrid, junto al Teatro Real, hay una escultura de un Lorca con pájaros al viento que la ciudad dedica al poeta, que parecieran representar esa esperanza. La obra más personal de Lorca, El Público, está siendo representada también este año, sorprendiendo por su contemporaneidad. Y justo en este 2016 la obra de Lorca pasa legalmente a ser de dominio público. Sucede también ahora, que ha muerto mientras yo escribía este texto el poeta y cantautor canadiense Leonard Cohen, premio Príncipe de Asturias 2011, para el que el granadino fue inspiración y cuyas letras musicó y cantó. Fue tal su amor al poeta que incluso puso a su hija de nombre Lorca.

Todo lo bueno que le pase a él, le pasa en cierta medida también a la lorquiana  Benamejí, a la que siempre le importó el poeta. De hecho, hubo aquí un periódico en los años 80 llamado El Camborio, por el personaje del romance lorquiano; ese mismo romance se ha recitado una y mil veces en los colegios de Benamejí, gracias a sus maestros. Pero sin duda una de las ocasiones que mejor ha sonado ha sido en la última cita de “Las Noches del Convento”, que organiza acertadamente el restaurante del mismo nombre, y donde el corazón del actor local José Luna vibró al recitar el romance “Muerte de Antoñito el Camborio”, haciéndonos vibrar a los asistentes al citar a Benamejí, que Lorca incluyó dos veces en el texto. El poema recoge una reyerta literaria, ficticia, al menos en nombres, como analiza la editorial Cátedra; no obstante el romance refleja los avatares históricos de bandoleros y el eco lejano de Benamejí.

Pero no cuenta Benamejí con espacio escénico donde por derecho Lorca nos siga haciendo vibrar. Existe un proyecto, un lugar donde llevarlo a cabo. Ahora bien, quiero proponer y expongo un deseo, un palpitar, una visión: el teatro de Benamejí se tiene que llamar Lorca, y tiene que tener un medallón enorme con su cara arriba, coronando el escenario; su diseño me ha surgido ya y me encuentro dándole forma ilusionado -yo creo que se me clavó el medallón tondo con su retrato contemporáneo del teatro auditorio Federico García Lorca de Getafe, en Madrid-. Y se tiene que llamar Lorca nuestro teatro, para que actores como José Luna, reciten el texto lorquiano que pareciera hecho para él: “Luna, luna, luna, del tiempo de la aceituna, Cazorla enseña su torre, Benamejí la oculta”. Lorca captó el misterio, la profundidad de este nombre… que le sonaría a “La Niña de Gómez Arias” de Calderón, y a moros y a señores, y a viajeros románticos y a voces de antaño que aún resuenan y viven vírgenes. Como hemos visto, Lorca Menciona a Benamejí hasta tres veces en su obra: nuestro teatro se tiene que llamar Lorca, por tributo y gratitud. Se tiene que llamar Lorca por redención de su persona, de la injusticia que le tocó vivir, a él y a los suyos, y con él a todos nosotros… Y el teatro de Benamejí se tiene finalmente que llamar Lorca por su modernidad, por su desgarro creativo, por su “trasvasar y traspasar, reajustar, trasfigurar, descoyuntar el lenguaje, el arte…” utilizando las expresiones que a Lorca dedica el escritor José Manuel Caballero Bonald. En el “Teatro Lorca” de Benamejí, tiene que sonar el “Jaleo”, con la fuerza del grupo local Ventorrillo Rock, como la de Morente con los Lagartija Nick en “Omega”; que suenen allí “Los Cuatro Muleros”, que venga Carmen Linares a cantar herida “Los Peregrinos”, e Inma Cuesta a recitar como en “La Novia”. Que canten a Lorca desde el teatro de Benamejí los cantaores locales La Camachona y Manuel Crespo. Que se respire el Camarón de La leyenda del tiempo. Que sobrevuele sus butacas el alma lorquiana de Cano Cano…

Escribió Juan Bernier, poeta cordobés del grupo Cántico, un texto titulado “Benamejí, su Palacio y García Lorca”. Es un texto discreto, en una publicación discreta, pero es un texto profundamente culto y hoja de ruta absoluta, en el que Bernier cuenta de forma brillante cómo estando entre las paredes y estancias del desaparecido Palacio se sintió dentro de una obra de Lorca. Y no nos interese Lorca sólo desde la fuerza evocadora; no sólo por eso, sino porque también Lorca es presente e inmenso Poeta en Nueva York, modernidad y desgarrada llamada ecológica, reclamo igualitario absoluto para con los otros, con los marginados, con los migrantes, con la humanidad.

Volviendo a Bernier, y al Palacio… habla éste de los verdes populares de sus paredes, que no rompían con lo culto, se abrazaban. Es ese verde que defiendo, porque aún lo veo y lo recreo. Ay “Verde Bernier”! … Ay! verde andalusí de “una verde bandera, que se ha hecho de la aurora blanca un cinturón”, verde de Blas infante, verde de los fondos oníricos de Julio Romero, verde de las telas encendidas del pintor Alonso Cano, verde de las rejas de Jerez y de las sierras de Cádiz, verde del río Genil a su paso por Granada y Loja, por Lucena y Puente Genil, y por Écija, y entre ellas, verde Genil a su paso también por Benamejí, verde… “verde que te quiero verde”, de Federico.

Justo ahora acaba de aparecer un disco flamenco dedicado a Federico García Lorca, llamado “Lorca vivo”. La profesora de Antropología social de la Universidad de Sevilla Cristina Cruces-Roldan, escribe en las páginas que acompañan ese trabajo, que Federico se encontró toda su vida con el “niño chico” que todos seguimos siendo, y que su poesía  nos acuchilla, como “su vida luminosa y vibrante, transparente y generosa”; refiere “el hechizo y la verdad” de Lorca. Y dice por último que “sólo si sabemos desnudarlo vivirá eternamente”. Mi dibujo de un ”Lorca niño, transparente” hecho estaba, pero le pido prestadas a Cristina sus palabras para acompañarlo, para dormirlo en ellas.

Cristina sabe de lo que habla; ella ha sido imprescindible para la declaración del flamenco Patrimonio de la Humanidad. Y Lorca es flamenco, como el flamenco lorquiano, como lorquiano Benamejí. Gloria aquí a ti, Federico García Lorca.

Valle Inclán, que escribió sobre hechos bandoleros en Benamejí, se refirió en sus textos al Niño de Benamejí, que parece aludir al personaje real de Antonio Arjona. Pues bien, además el escritor José Manuel García de la Torre tiene un texto muy interesante titulado “En torno a una influencia literaria: Valle Inclán y García Lorca”, donde se refiere varias veces al texto lorquiano de Antoñito el Camborio, publicado en su “Romancero Gitano” en 1928. Es obvia la influencia de ese romance de Lorca en la copla “Antonio Vargas Heredia”, de Oliva, Mostazo  y Merenciano, 1938; gracias a ello, el Benamejí de Lorca aparece en la copla a modo de estribillo viajero: “De Puente Genil a Lucena, de Loja a Benamejí”.  De esta manera Lorca, incluyendo a Benamejí, es en primera instancia responsable de que más tarde llevaran en sus labios a Benamejí las inmensas Imperio Argentina, Sara Montiel o Rocío Jurado, o el tenor Plácido Domingo.

Pero hemos de incluir algo más que toca a Benamejí y que deriva del poeta. Sabíamos de la existencia de una desconocida copla titulada “Rosa de Benamejí”, de la cantante Diana Márquez. Hemos descubierto finalmente su autoría, Clemente y Algarra, y su fecha, 1950, así como también tenemos fotografías originales de su intérprete, que presentaremos en el cercano Encuentro con Nuestro Patrimonio y que formarán parte del Museo de Benamejí. La copla hereda la tradición romántica de Antonio Vargas Heredia, que a su vez lo hace del Camborio lorquiano. Pero es que además “Rosa de Benamejí” incluye el tema del bandolerismo. Recordemos que un año antes, 1949, se había estrenado en los cines “La Duquesa de Benamejí”, escrita por los Machado, de los que Lorca era admirador absoluto.

Volviendo al Camborio, hemos de decir también que ha visitado Benamejí una estudiante del Conservatorio de Danza de Málaga, Alba López, que está haciendo un montaje inspirándose en ese texto de Lorca. Sería fabuloso que lo representara en Benamejí, como le hemos ofrecido y con lo que se ha mostrado alagada y entusiasmada. Pero de llevarse a cabo deberá ser más adelante; quizás entonces tengamos el “Teatro Lorca” y sea allí donde lo disfrutemos.

Tratábamos en nuestro texto previo “Lorca y Benamejí” el deseo y necesidad de ese teatro y también hablábamos de la actualidad de Lorca; pues bien, entre todo lo que citamos, incluyamos también que se acaba de estrenar el documental “Omega”, que trata el proceso de gestación del disco que el genial Morente hizo a partir de letras de Lorca musicadas por Leonard Cohen. No tenemos ya a Morente, pero sí las interpretaciones en vivo de la joven cantante contemporánea Silvia Pérez Cruz: su transfiguración catando el tema “Pequeño Vals Vienés” de Lorca y Cohen es de las creaciones más emocionantes que se hayan hecho últimamente en la música española, y lo es también por la compañía de la guitarra experimental de Raül Fernández Miró. Ya Ana Belén lo interpretó de forma magistral. La cantante y actriz, próximo premio Goya de honor 2017 además, aparece en su doble disco Lorquiana dando un abrazo soñado, delicado y profundo a Lorca, a modo de apoyo en él. Es el mismo y necesario abrazo, el necesario y noble apoyo de Benamejí sobre el poeta.

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